Serie De Los Juegos Del Hambre – No Sign-up
—En el Distrito 11, plantamos un árbol por cada tributo. Al principio era un acto de duelo. Ahora los niños trepan por ellos para coger manzanas. El dolor se vuelve vida, Katniss. No rápido. Pero se vuelve.
Entonces Katniss sacó el diente de león. Lo sopló. Las semillas volaron sobre el agua, sobre la multitud, sobre los nombres grabados en una piedra recién tallada.
Esa noche, Peeta encontró a Katniss sentada en el porche, mirando las estrellas.
Y por primera vez en mucho tiempo, sonrió. No era una sonrisa de victoria. Era una sonrisa de mañana. serie de los juegos del hambre
El día de la memoria, Katniss llegó al borde del lago. No llevaba ni arco ni flechas. Llevaba una flor de diente de león en el bolsillo. La multitud era silenciosa. Los distritos estaban representados por telas de colores: azul marino del 4, rojo del 11, gris del 12.
El consejo leyó los nombres de todos los tributos caídos en los 74 juegos y en la guerra. Cada nombre era una piedra lanzada al agua. Al final, una niña del 12, de no más de diez años, se adelantó y dejó una rosa blanca sobre la superficie del lago. Flotó un instante antes de hundirse lentamente.
—Ahora —dijo—, enseñamos a los nuestros que el fuego no es solo para quemar. También es para cocinar, para calentarse, para fundir las cadenas viejas y hacer campanas. —En el Distrito 11, plantamos un árbol por cada tributo
Una mañana, un mensajero del nuevo gobierno —ya sin Capitolio, solo un consejo de distritos— apareció en la puerta de Katniss. Era una chica joven, con el pelo recogido en una trenza suelta y una mirada que recordaba demasiado a Prim.
Esa noche, mientras caminaban de regreso a casa, Peeta le preguntó:
—Señora Everdeen —dijo la mensajera, con un sobre en las manos—. El Consejo le envía esto. Es… sobre una tradición. El dolor se vuelve vida, Katniss
—Corran —dijo en voz baja, solo para Peeta, que la sostenía del brazo—. Que corran por ellos.
—Pero voy a ir.